"Lo que hemos visto y oído os lo anunciamos a vosotros, a fin de que viváis también en comunión con nosotros. Y esta comunión nuestra es con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Os escribimos esto para que sea cumplido vuestro gozo."
~ Juan 1,3 ~

"Conviene que el mundo conozca que Yo amo al Padre, y que según el Mandato que me dio el Padre, así hago."
~ Juan 14,31 ~

Santo Domingo de Guzmán y
la Sierva de Dios Madre Teresa María de Jesús Ortega, O.P.

Dios suscita almas en cada época que son claves en la historia.

En contacto con la divinidad, en el conocimiento íntimo con Dios aparece Domingo de Guzmán radiante de luz y de amor, hablando con Dios y de Dios. Ese noble español que iluminó las tinieblas del siglo trece.

Santo Domingo, hombre evangélico, fue abriéndose paso con su alma limpia hacia Dios, en medio de las tinieblas de su tiempo.

Hizo de su vida una ofrenda a Dios, amando mucho, sufriendo y abandonándose en las manos del Padre. Fundó una Orden de defensores de la fe, armados con el escudo de la verdad y la espada de la Palabra de Dios: La Orden de Predicadores–monjas contemplativas, frailes y hermanos laicos comprometidos en este mismo ideal.

A la Madre Teresa María de Jesús Ortega O.P. Dios la quiso y la hizo dominica, un retoño de Sto. Domingo de Guzmán, apasionada de Dios y de la Iglesia, con insaciable sed de infinito, y un corazón donde cabían todos los hermanos.

Hubo una secreta imantación hacia el espíritu y Orden de Sto. Domingo de Guzmán y una afinidad que más tarde descubrió como su centro, la roca donde manaba el agua para su sed.