ESPIRITUALIDAD

Su Alma: Su Espiritualidad

Madre Teresa fue una personalidad de cualidades extraordinarias. Esto es algo indiscutible para todos aquellos que la conocieron y trataron. Muy inteligente, de una agilidad mental facilísima; por eso en el diálogo y la discusión era dueña enseguida del campo. Su voluntad de hacer, le venía de casta de reciedumbre aragonesa. Pero sensibilísima y delicada en el fondo. Hábil para todo: bordaba primorosamente en oro, componía música, poetisa, etc.

Pronto su vida se imantó hacia Dios. Y su entrega fue total y para siempre. Con una absolutez que admiraba y...asustaba a veces a algunos. Su psicología y su generosidad no podían hacer de otra manera. Los que la tratamos de cerca, y conocemos por sus escritos y su biografía a Santa Catalina de Siena, instintivamente las comparábamos en cuanto al espíritu, en cuanto al estilo, Madre Teresa podía haber dicho también: "¡Mi naturaleza es fuego!" Por eso a muchas almas arrastró entusiasmadas por su camino de cumbres, a otras les tuvo que parecer excesivo. Y hay que reconocer que en cuanto al ideal cristiano en sí mismo no puede haber concesiones. ¿Hay algo más radical que el Evangelio? En cuanto a la metodología para llevar a encarnarlo concretamente, existencialmente, es cuestión de pedagogía, de discreción, de prudencia sobrenatural. Cada alma es un alma, hay diversidad de vocaciones, en momentos espirituales, de gracias divinas. A Madre Teresa le encantaba la "furia" de San Juan de la Cruz.

Su vida espiritual podemos reducirla a estos cinco grandes temas claves.

a) Dios, el Padre, Hijo y Espíritu Santo. Por citar algunas frases suyas, ahí van las siguientes:

"Dios...Dios...Dios...Sí, sí; te conozco...Eres el mismo. Dios...Dios...me impresiona tu igualdad, tu calma, tu silencio...Eres el mismo. No cambias en nada. Eres el enamorado, el incansable Amador. He llegado a tu silencio y me he encontrado con los mismos ojos de siempre, penetrantes y fuertes...que rompen la vida o la dejan rota a tus pies. Dios...Dios...qué denso es tu silencio, qué fuerte, qué misterioso...Está todo muy callado porque estás callado Tú...y tu silencio corta el aire. Nadie se atreve a hacer ruido. Hasta el aire parece que se ha paralizado..."
"No comprendo, porque ya se me va haciendo ciego el amor...; no comprendo, no sé, no entiendo nada. Dios...Dios...¿por qué me amas? No me lo digas, pero déjame que te lo pregunte muchas veces...No me lo digas...pero, ¿por qué me amas? ¿Es que no sabes qué hacer con tu amor?; ¿o es que la infinidad de tu misericordia necesita de mi miseria? Es que como el rico necesita al pobre para descongestionar sus arcas...¿Tú me necesitas a mí? Es como el sabio necesita al ignorante para volcar su ciencia, ¿Tú te vuelcas sobre mí? No, no...; es otra cosa más honda, más vital, más Dios...Dios...Es eso que no puede decirse, ni medirse, ni comprarse. Es Dios adueñándose de la entraña del ser de su criaturilla para hacerla de alguna manera DIOS."

El Verbo encarnado, Jesucristo. Toda su pasión de amor por Él se compendia en la historia de la imagen de Cristo crucificado que, bajo su inspiración, ejecutó el artista J.L. Vicent para la iglesia del Monasterio. Ella quería un Cristo vivo, como le soñaba su alma. La relación que ella dejó escrita de cómo ella veía a su Cristo, es un documento vivo:

"'Mi vivir es Cristo.' Mi vivir, o lo que es igual, mi actuar, mi ser, mi pensar, mi latir es Cristo. Yo no tengo vida propia, mejor dicho, tengo la vida más propia que puedo tener: Cristo es mi única propiedad, el alma de mi alma, la vida de mi vida, mi dimensión fundante, radical. El explica mi ser, lo diviniza. Cristo es la fuerza, la alegría, la felicidad, el amor, la plenitud. Cristo mi esperanza y mi posesión."

Su encuentro con Cristo lo vivió intensamente y de muchas maneras: en la Iglesia, en los hombres hermanos; en la Escritura santa, que manejó incesantemente y enseñó a manejar a sus amigas y a sus monjas; pero sobre todo lo vivió en la Eucaristía. Ella misma nos dejó un escrito autobiográfico sobre las principales manifestaciones de su amor eucarístico. Se titula: Su vida se abrasó en la Eucaristía. Para ella fue el centro focal de su vida. Misas y comuniones costasen lo que costasen. Durante el asedio a Teruel, ella rescató heroicamente el Santísimo Sacramento de la Iglesia de San Juan. Durante las propagandas apostólicas la Eucaristía no podía faltar, aunque hubiese que hacer sacrificios muy difíciles. En 1950, Año Santo, fue su peregrinación a Roma (por supuesto en tercera, por pobreza); y las peripecias del viaje por no perder su comunión diaria fueron de un cuento de aventuras, o mejor de providencias divinas. Así hasta morir, seguir la Misa en su habitación de la clínica, y beber con avidez la Sangre preciosa. Y Luego sus ratos, horas, noches casi enteras a veces de Sagrario, como una abeja en su panal, en su pulmón divino de acero para poder respirar a gusto...

b) María fue un descubrimiento vivo al vivir en Jesús. Sobre todo ya en el Monasterio fue un profundizar en ese aspecto del misterio cristiano abismalmente. Sobre Ella su palabra hablada y escrita se hizo inagotable.

"Nuestra Madre fue para el mundo una sonrisa de Dios; nosotras debemos ser una prolongación de esa inefable sonrisa. Si sonreímos siempre, verán a María en nosotras."
"¡Madre! No quiero temblar...no quiero temer...no quiero huir de tus voluntades maternales sobre mi vida. Quiero creer, quiero aceptar, quiero amar el plan de Dios y abrazarme estrechamente con Él. Madre, fíjame en Dios."
"Dile a la Madre que te introduzca para siempre en la clausura de su Corazón. Allí, cerrada a la cosas pequeñas, te abrirás a las eternas, absolutas, esas que llenan la vida plenamente."
"Para una mayor humildad, para una mayor bondad, para una mayor suavidad...: un mayor amor a la Virgen. Ella y sólo Ella lo resuelve todo."
"Madre, quiero ser hasta la entraña de mi alma apasionada de tu amor y de tu alegría. Radical como Jesús y su Evangelio. Mansa como las Bienaventuranzas y enamorada como fuisteis los dos."

Su amor a María quedó materializado en la estatua de la Virgen del Sí, que preside el jardín del Monasterio, y en la Virgencita de la capilla del mismo, que tiende sus manos hacia el Cristo vivo en el Sagrario.

c) Y luego la Iglesia. Su recia y sólida formación le permitió penetrar en el misterio del Cristo total (Él, mas su Iglesia) de modo admirable. Y esa visión vital en su Monasterio. Todos los problemas de la Iglesia y del mundo hallaron allí eco. Ante la reja del coro un gran globo terráqueo recuerda a las monjas que ellas llevan al mundo sobre sus espaldas: que sus vidas se tienen que quemar a fuego lento por las necesidades de todos los hombres, por la gloria de Dios. El Papa, la Orden de los Predicadores, los sacerdotes, las misiones, el ecumenismo, los problemas humanos todos...hay que pasarlos por el corazón, hay que envolverlos en oración, hay que, silenciosa y amorosamente, vivirlos. Por citar un texto:"La Iglesia está abriendo sus secretos a las almas consagradas. Está contándoles el dolor que la desgarra, los misterios insondables que tiene dentro de su corazón de Madre universal... Si en las almas consagradas no encuentra el eco de su dolor, la Iglesia temblará con el más desgarrador de sus temblores. Abramos los ojos a este temblor de la Iglesia. Despertemos...sí, despertemos a la realidad profunda de este misterio eclesial." De esta conciencia eclesial tan fuertemente sentida por ella y contagiada a sus monjas surgieron las fundaciones. Y precisamente en países o regiones donde no hubiera instituciones de esa vida contemplativa pura, a fin de que esa dimensión esencial de la Iglesia estuviera allí presente. Por eso las energías del Monasterio se orientaron en esa dirección, más que dispersar monjas para reforzar Monasterios ya existentes en España, donde hay muchos. Ello ha hecho posible la fundación de dominicas contemplativas cinco de los siete continentes continentes. Madre Teresa tuvo una larga visión y misión eclesial.

d) Contemplación. Fue su elemento vital. Y esto desde siempre. Aquella joven que entusiasmaba hablando a veces hasta cientos de soldados, no digamos a pueblos, a chicas, etc., aquella alma apostólica, aquel "canto rodado"* de Dios...encerraba una contemplativa plena. Por eso el sueño pagaba el tiempo que se llevaba la actividad apostólica exterior. Horas y horas de oración silenciosa por las noches. Muy sencilla, muy amorosa, muy contemplativa.

Esa necesidad de contemplación la llevó al claustro. Y allí se sació, en cuanto ello fue posible. Porque en Sevilla fue una monja sin especiales responsabilidades: novicia exacta, observante, obediente, trabajadora, orante...En Olmedo también, pero pronto, el peso de la casa gravitó sobre ella. Y tuvo que orar, que actuar orando; pero dejando a salvo las horas de oración (ella implantó las dos horas de oración desde el comienzo de su priorato). Durante su enfermedad dolorosa, también pasaba noches de insomnio, en extremo sufrimiento, ofreciendo todo por la salvación de las almas. La nostalgia del desierto espiritual la persiguió siempre. Sólo en parte pudo gustar del aire silencioso y caliente del mismo.

"Llevaré el alma a la soledad y allí le hablaré al corazón. Allí la meteré en la roca, en el agujero de la peña, en la oquedad misteriosa, donde de tanta luz sólo hay tiniebla a lo divino...Secretos insondables de amor."
"Déjate introducir en la peña soñada...Déjate meter en la región del silencio y déjate envolver en secretos insondables de soledad desértica, de muerte y vida, de claridad oscura."

e) Su sensibilidad y apertura hacia los demás se concretó también en su afán de caridad, de unidad entre las hermanas del Monasterio y de los Monasterios de "Madre de Dios." Fue una constante en la espiritualidad de Madre Teresa, pero acentuada en sus años definitivos. Por ella luchó incansablemente. Y fue un trabajo complicado: tuvo que fundir comunidades, monjas de muy distintas psicologías y procedencias, mantener la identidad del Monasterio Fontal y de los Monasterios derivados, tan distantes todos, pero unidos sin embargo en un mismo espíritu y en un mismo sentir y pensar. Sólo una mujer de sus cualidades y de su temple pudo con esa empresa. Sólo consumiéndose ella en el crisol que esa fusión de almas comportaba.

No todos podían comprender su esfuerzo, su heroísmo. No todos podían seguir su paso fuerte y valiente hacia la cumbre. ¿Fue en ocasiones demasiado exigente? ¿Se volcó a veces más con unos u otros de los grupos, de esos elementos heterogéneos que había de forjar hondo y de prisa? ¿Quién podría medir y precisar todas y siempre tantas circunstancias? Lo que hay que afirmar con seguridad plena es su rectitud de intención, su sinceridad, su caridad radical, su morir a sí misma. Ella hacía suya la frase de que la nada no merece más que el olvido y la miseria el desprecio. Por otra parte todos los santos tienen limitaciones y defectos, y Madre Teresa aseguro que fue una santa; pero de mucha talla a la que no es fácil medir con medidas corrientes. Su mismo temperamento, su impulso, sus mismos deseos, no hacían fáciles de comprender a algunos ciertos gestos y actitudes necesarias en su caso.

Su Legado

Una santa profética, con misión especial en la Orden de la Iglesia. Ahí está desafiando a todos su obra: diez Monasterios contemplativos, sin concesiones a las modas corrientes de aperturas y suavizaciones, con todo el rigor tradicional de la clausura femenina, viviendo pobremente de su trabajo manual, sin ningún apostolado externo. Llenos de vida, de espíritu, de nuevas vocaciones. Su libro Su libro: Sí, a nuestros compromisos es todo un mensaje vivido en su Monasterio.

Dios la escogió para ser un grito en defensa de la vida contemplativa pura e institucionalizada en la Iglesia, hoy tan amenazada.

Una vida de contemplación amorosa, callada, humilde, misionera, como la vivieron y enseñaron las dos Teresas, de Ávila y de Lisieux, a las que hay que añadir esta nueva Teresa, regalo de Dios a la Orden de Santo Domingo y de Santa Catalina de Siena.

"Cuando se mira a Dios cara a cara un día y otro día, una hora y otra hora sin cansarse, sin dejar de mirarle, sin perderle de vista, los ojos quedan llenos de Él. La luz se mete por la vida y todo el ser se convierte en una transparencia de Dios. Gástate muchas horas..., gástate la vida entera en mirarle, gástate los ojos hasta romperlos, y cuando el mundo te vea, sabrá quién es el Dios de los cristianos, el Dios de la VIDA, el Dios del AMOR."
-Mother Teresa María

Tomado de una breve síntesis biográfica de Don Baldomero Jiménez-Duque sobre M. Teresa María Ortega, O.P. (1917-1972), 1981. Traducción, en parte, del periódico “Dominican Ashram” de marzo de 1998.

*Se llamó "Canto Rodado" a una expresión del espíritu que orienta y marca la vida de Teresa, allá por los años 1948 en adelante, y que para siempre fue como la impronta de su alma toda de Dios, en espíritu de Iglesia.

Ser un "Canto Rodado" venía a ser como una piedra de cualquier tamaño y categoría, de esas que ruedan por cualquier camino, y van a parar a cualquier ribazo; a las que se empuja con el pie y se las mueve del sitio que ni siquiera les pertenecía; que ruedan y siguen rodando fácilmente movidas por el mismo viento de la carretera; que cualquiera la puede tomar, para usarla como convenga; precisamente porque no es de nadie, para ser de todos...y porque “su sitio es no tener sitio..."

Estilo de vida, de espiritualidad profundamente evangélica; de total abandono en la Providencia.