MADRE TERESA MARIA ORTEGA

En Olmedo (Valladolid), hay un Convento dominicano, el de "Madre de Dios." Fue fundado hace cuatro siglos. Un convento más entre los centenares de Monasterios de vida contemplativa que llenaban España. Silenciosos, recoletos, sin especial vibración bajo ningún aspecto. Encerrando mucha virtud y...hasta mediocridad humana fácilmente a la vez. Nunca este Monasterio había llamado por nada la atención: ni por su arte, ni por alguna vida santa que irradiase hacia afuera, ni por ninguna especialidad. Era un desconocido; uno de tantos.

No obstante, en 1972, una mujer dinámica y santa murió allí y cuyo liderazgo fue instrumental para que este monasterio floreciera. Ella atraería muchas vocaciones a este monasterio, jóvenes en su inmensa mayoría. En pocos años otras cinco fundaciones saldrían de este Monasterio, seguidas por cuatro más; para que esta vieja y pobre casa se haya convertido en una hoguera de vitalidad espiritual, de profundidad contemplativa, de estricta observancia claustral, de vivísimo sentido eclesial y por ende apostólico y misionero, de intensa vida litúrgica cultivada y gustada, un centro de trabajo, de austeridad, de silencio...Un Monasterio donde se respira paz y alegría, donde la unidad de tantas monjas se palpa con las manos, fruto todo ello de la caridad, del amor. Se explica la afluencia de vocaciones, precisamente en esta hora de crisis vocacional, de crisis por la que atraviesa esta vida religiosa de oración y de contemplación, en esta hora de crisis de fe.

Pues bien, en los cimientos de este hecho, de este movimiento, nos encontramos con el nombre y con la vida de una mujer, de Madre Teresa María de Jesús Ortega Pardo. Quisiera acertar a trazar, ¡cosa muy difícil!, el perfil espiritual de la misma. Es para mí (Don Baldomero Jiménez-Duque, autor de esta semblanza espiritual) una suave obligación, ya que mi encuentro con Madre Teresa a lo largo de su vida lo ha hecho un deber ineludible.

Resumen de su vida

Nace en Puente-Caldelas (Pontevedra), donde su padre, José María Ortega Ijazo era Jefe de Servicios de Telégrafos. Allí se había casado con Manuela Pardo. El matrimonio tuvo tres hijos: Teresa, Encarnación y Gregorio. Ella nació en la noche del 25 de diciembre de 1917: era una noche de paz y de alegría, noche de Navidad. En 1926, su padre es destinado a Teruel, de donde era originario y vivía su familia; y donde en 1927 muere su esposa. Teresita acusó intensamente el impacto que este suceso hizo en su alma; toda la vida se resintió del mismo. Desde entonces se preocupó de los huérfanos una hermana soltera del padre, la "tía Encarna."

El ambiente familiar era profundamente religioso y económicamente de un buen pasar. Los primeros estudios los hizo con su profesor en casa y luego en el colegio de la Terciarias Franciscanas hasta 1935, en que comienza el bachillerato en el colegio de la Institución Teresiana.

En los años de su adolescencia (14 ó 15 años) sintió un tanto la llamada del mundo. Era muy agraciada, simpática, alegre, hábil para todo (estudio, música, labores...). Pero el clima familiar, y sus trabajo iniciales en la Acción Católica, salvaron la situación sin problemas. Una gran influencia ejercieron en ella durante estos años: Dolores Alber, célebre propagandista de las mujeres de Acción Católica de Teruel y Don Manuel Hinojosa, santo sacerdote, mártir en 1937, que la dirigió espiritualmente y cuyo venerado recuerdo ella guardó siempre.

La guerra del 36 encuentra a la familia en Teruel; y la toma de la ciudad por los comunistas a primeros de 1938 tuvo como consecuencia la prisión de todos los que la formaban. Primero fueron llevados a Segorbe y después a Valencia, siendo libertada pronto Teresa, que fue acogida por una familia turolense en Valencia, como sirvienta. Al terminar la guerra sigue sus estudios de bachillerato en Valencia (1940-1941) en las Teresianas, para comenzar en la Universidad (noviembre de 1941) los cursos de Filosofía y Letras. Como la familia se traslada a Zaragoza en 1943, allí continúa sus estudios universitarios. Examen final en septiembre de 1945. Licenciatura el 13 de mayo de 1946.

A lo largo de sus años de estudio Teresa ejerce cada vez más una influencia grande entre sus amistadas, compañeros de estudios y hasta profesores. Y trabaja más y más en la entonces floreciente Acción Católica. En 1946 es nombrada vocal de propaganda de la juventud femenina de Zaragoza: organiza la escuela de formación con cursos vibrantes que ella misma dirige, planifica la diócesis para los efectos de la propaganda, y se lanza (y lanza a sus propagandistas) por todas partes.

Hasta 1955 Teresa será un apóstol de acción incansable y llameante. No sólo en la diócesis de Zaragoza, sino por otras muchas partes de España, adonde iba siendo conocida y llamada: Palencia, Peñafiel, Aranda, Burgo de Osma, Ávila, Alcoy, Onteniente, Algemesí, Carcagente, tierras de Ciudad Rodrigo, etc. Trazar el itinerario de sus correrías apostólicas es muy difícil y quizá nunca podrá hacerse completo.

En 1947 hizo unos ejercicios espirituales en Teruel dirigidos por Don Baldomero Jiménez-Duque. Esto fue ocasión de ir después varias veces a Ávila para consultar con Don Baldomero y asistir a las semanas teresiano-sanjuanistas que allí todos los veranos se celebraban, y para propagandas de Acción Católica. También para que en 1951 Teresa se trasladase a Olmedo (entonces de la diócesis de Ávila) a fin de formar allí un grupo de jóvenes que vitalizasen el ambiente cristiano de la citada villa. Aquí permanece un año largo (el pretexto, de momento, fue dar clases como licenciada en el colegio que allí había). Vive pobrísimamente en casa de unos pastores: José Gonzalez y Sagrario de la Rosa, e irradia fe y amor en muchas chicas (y en otras personas) tanto de Olmedo como de los pueblos en torno.

Su estancia en Olmedo fue ocasión para que Teresa conociese y se relacionase con el Monasterio dominicano de Madre de Dios, necesitado de personal, de renovación, de ayudas de todo género. De acuerdo con el Obispo de Ávila, el Arzobispo de Zaragoza y las monjas, consigue que se trasladen a Olmedo tres religiosas del convento de dominicas de Daroca. Una de éstas fue la Madre Teresita Iriarte, enviada como priora, monja santa, con espíritu extraordinario de abnegación y sacrificio; ello tuvo lugar en 1953. Al mismo tiempo Teresa orientaba hacia Madre de Dios de Olmedo a algunas de las jóvenes a las que formaba y que sentían atracción por la vida contemplativa. Pero el plan parecía venirse al suelo al morir santamente, el 14 de octubre de 1954, Madre Teresita.

Entre tanto Teresa también deseaba la vida del claustro. Su vocación, hasta entonces de "canto rodado de Dios,"* se transformaba en vocación contemplativa. En su actividad de propagandista de Acción Católica surgieron malentendidos, llamadas de atención, dificultades humanas por parte de los dirigentes de aquella. Parecía que exigía demasiado, que no orientaba a las jóvenes en el verdadero espíritu seglar de la obra, etc. Fue por muchos incomprendida. Pero principalmente era la llamada misteriosa de Dios lo que ella sentía; y quiso responder con generosidad a la misma. Teresa entraba el 8 de diciembre de 1955 en el Monasterio Jerónimo de Santa Paula de Sevilla para mejor vivir en obediencia. Toma el hábito el 8 de junio de 1956; y profesa el 9 de junio de 1957.

Pero en Olmedo aquellas novicias que ella había enviado (y otras que siguieron después), quedaban sin las monjas de Daroca (al morir Madre Teresita, las otras dos se volvieron a su convento) y en situación precaria y difícil. Las llamadas a Sevilla se multiplicaban. Ella aconsejaba como podía desde allí; hasta que pareció claro ser voluntad de Dios el traslado de Teresa a Olmedo para salvar aquella comunidad tan necesitada. Con los permisos pertinentes, Teresa tomaba el hábito dominicano el Olmedo el 22 de octubre de 1957. Una nueva etapa, una nueva aventura.

La situación era difícil. Sor Teresa María no era oficialmente nadie. Y la formación, observancia, orden, espíritu...de aquella casa no podían mejorar. Pero una oportuna visita canónica, con su correspondiente cambio de cargos, saneó el ambiente. Sor Teresa, "más con su postura y ejemplo que con sus palabras", fue ejerciendo una penetración benéfica y elevando la espiritualidad del Monasterio. Los sufrimientos sin embargo que ello llevó consigo pueden figurarse.

Un nuevo cambio de escenario tenía lugar en 1959. Recién comenzadas las Federaciones de monasterios dominicanos se pedía al de Olmedo un refuerzo para ayudar a Belmonte (Cuenca). Sor Teresa María, todavía profesa simple, fue enviada al frente de otras cuatro para ello. Derrochando amor se fue haciendo con el cariño de sus nuevas hermanas. Es más, consiguió el traslado de la comunidad a Olmedo, haciendo de las dos una; le pareció más sencillo y eficaz para la reforma que de otra manera. Pero pueden calcularse las dificultades, las resistencias, los trámites, los permisos...que todo ello llevó consigo. El 20 de agosto de 1960 llegaban a Olmedo las monjas de Belmonte. Y el 15 de septiembre siguiente hacía Teresa su profesión solemne.

Todo se precipitó rápidamente: el 23 de diciembre de ese año (1960) era elegida Priora. Ya lo sería hasta morir. Ahora podía dar toda su medida en la elevación de su comunidad, y en su fuerza de irradiación fuera de la misma. La tarea fue ardua; había que fundir tres grupos de monjas, que, aunque mujeres consagradas sinceramente todas, no dejaban de ser mujeres: el grupo anterior de Olmedo, el de Belmonte, y el de las nuevas que había seguido aumentando al olor de la presencia de Teresa. Fue un esfuerzo gigante. Todo se fue renovando: desapareció el pequeño e imperfecto colegio de niñas externas; se implantó la liturgia solemne (todo cantado, Maitines a media noche); se hicieron obras de mejora del viejo edificio; se hizo nuevo coro y arreglo de la iglesia; se instaló el trabajo bien organizado y remunerado; y sobre todo, a fuerza de charlas incesantes a la comunidad y de charlas particulares y de escritos a cada monja, se fue forjando un grupo espléndido de almas deseosas, una comunidad vibrante, numerosa y adornada de virtudes.

Hubo más, pronto se sintió la necesidad de fundar nuevos Monasterios. La afluencia de vocaciones lo exigía. A la llamada de los Padres Dominicos de Puerto Rico (1961) respondió Olmedo enviando un grupo de tres religiosas al que siguieron otros envíos. En 1966 era erigido canónicamente el Monasterio de Bayamón. Pero hubo que hacer otros traslados y puede decirse que no quedó definitivamente asentado hasta después de muerta la Madre; ella lo sostuvo con sus cartas de fuego y su aliento poderoso.

En 1971 surgió la posibilidad de una fundación en Angola. Fue la última gran ilusión de Madre Teresa. Prepara con atención especialísima el grupo fundador, atiende hasta los últimos detalles, y ve partir, ya enfermísima, a sus monjas en la mañana del 6 de marzo de 1972 hacia Benguela, África su postrer misionero amor eclesial.

Enfermísima...porque no hemos dicho que desde niña lo estuvo. Cada vez más delicada, cada vez peor. Y aquel débil organismo tuvo que sufrir y resistir una serie de operaciones fuertes, agotadoras: 1950 en Zaragoza; 1952 en Ávila, en malas condiciones sanitarias, pero urgentemente; en 1963 y 1966 en Zaragoza; en 1968, 1969 y 1971 en Pamplona; y en 1972 en Navarra otra vez, para en ella morir. Páncreas, hígado, vesícula, riñón...todo se fue deteriorando. Y, sin embargo, esta mujer era una fuente de energía: hablaba, escribía, atendía a todos, oraba, no perdía en lo posible una Misa, y nunca una comunión. La mayoría de los que la trataban de afuera no podían sospechar que estaba deshecha, con picores insoportables, que solo a fuerza de amor y de generosidad se sostenía y actuaba. Los últimos tiempos hubo de pasar en cama largas temporadas, acribillada de inyecciones, sueros, etc. Pero desde allí dirigiendo, formando, escribiendo...como si no le pasara nada. Y levantándose, eso sí, a la celebración de la Eucaristía y para algunas partes del Oficio a veces. En vida nos dejó varios libros: Historia de un Sí; Lo que dijo Dios al volver; Sí a nuestros compromisos; Sí, Dios. Y centenares de cartas, de notas, de escritos ocasionales, de cintas grabadas...Con fragmentos de este material inmenso se han publicado después de su muerte bellos libros de pensamientos y doctrina como Trigo de su era, Orando entre llamas, Asomadas de luz y otros.

Murió el 20 de agosto de 1972 en la clínica de la Facultad de Medicina de la Universidad de Navarra, donde había sido operada ya otras veces a costa de caridad de sus familiares, y adonde era la admiración de médicos, monjas y enfermeras. En la operación no se pudo ya hacer nada. Fueron días de mucho dolor y mucho amor. De santo abandono:

"Lo que queráis, lo que queráis..." "¡Oh! mi voluntad, ya no la tengo, creo haber pasado a otra región distinta, la de la voluntad de Dios. Es vivir en un plano distinto, donde todo se ve de otra manera, a otra luz, con otra fuerza...Antes era yo la que jugaba con mi voluntad, tratando de buscar siempre la de Dios. Ahora es otra cosa...Empiezo a vivir en la Suya, como perdida y abandonada...No sé si puedo explicar más..."

"¿Tú crees que ya están limpios estos ojos para ver a Dios?", preguntaba en alguna ocasión. "Sí, Dios...Sí, Dios...", repetía otras. La última palabra que se le oyó murmurar varias veces, como un susurro, poco antes de morir, fue: Contentísima, contentísima...Era la rúbrica a todo su vivir entregado al Amor.


Tomado de una breve síntesis biográfica de Don Baldomero Jiménez-Duque sobre M. Teresa María Ortega, O.P. (1917-1972), 1981. Traducción, en parte, del periódico “Dominican Ashram” de marzo de 1998.